El teléfono móvil se ha convertido en una de las herramientas más importantes de nuestra vida cotidiana.

Lo utilizamos para trabajar.

Estudiar.

Comunicarnos.

Comprar.

Orientarnos.

Tomar fotografías.

Leer noticias.

Responder mensajes.

Organizar nuestro día.

Sin embargo, esa misma herramienta que nos conecta con personas que están lejos puede terminar alejándonos de quienes están físicamente a nuestro lado.

A este comportamiento se le conoce como phubbing.

El término describe una situación cada vez más común: prestar más atención al teléfono que a la persona con quien estamos compartiendo un momento.

Puede ocurrir en una cena.

Durante una reunión.

En una conversación familiar.

En una cita.

Mientras alguien nos cuenta un problema.

Incluso cuando estamos jugando con nuestros hijos.

El phubbing parece un comportamiento pequeño, pero repetido constantemente puede afectar la calidad de nuestras relaciones.

¿Qué significa phubbing?

La palabra surge de la combinación de dos términos en inglés:

phone, teléfono.

y

snubbing, ignorar o desairar.

En términos sencillos, ocurre cuando una persona interrumpe o descuida una interacción presencial para mirar su teléfono.

No siempre significa pasar largos periodos frente a la pantalla.

Puede ser algo aparentemente insignificante.

Mirar una notificación.

Responder rápidamente un mensaje.

Revisar una red social.

Consultar una publicación.

Ver quién escribió.

El problema aparece cuando estas interrupciones se vuelven constantes.

El mensaje silencioso que enviamos

Imagine esta situación.

Una persona está contando algo importante.

Quizá habla de un problema familiar.

Una preocupación.

Una experiencia del día.

Mientras habla, su acompañante mira el teléfono.

Probablemente no exista intención de ignorarla.

Pero el mensaje que puede recibir es:

“Lo que aparece en esa pantalla es más importante que lo que estoy diciendo.”

La comunicación humana no depende únicamente de palabras.

También depende de la atención.

La mirada.

Los gestos.

Los silencios.

La postura.

Cuando nuestra atención se divide constantemente, la otra persona puede sentir que no estamos realmente presentes.

“Solo estoy mirando un momento”

Una de las razones por las que el phubbing pasa desapercibido es que cada interrupción parece breve.

Cinco segundos.

Diez segundos.

Un mensaje rápido.

Pero durante una conversación pueden ocurrir muchas interrupciones.

Cada vez que miramos el teléfono, la conversación necesita detenerse.

La persona debe esperar.

Recordar lo que estaba diciendo.

Volver a captar nuestra atención.

Una interrupción puede parecer pequeña.

Diez interrupciones pueden transformar completamente una conversación.

No necesitamos tocar el teléfono para distraernos

El dispositivo puede interferir incluso cuando permanece sobre la mesa.

La pantalla se ilumina.

Vibra.

Aparece una notificación.

Vemos el nombre de alguien.

Inmediatamente una parte de nuestra atención cambia.

Aunque decidamos no responder, ya ocurrió una interrupción mental.

Por eso algunas personas prefieren guardar el teléfono durante determinados momentos.

No porque la tecnología sea negativa.

Sino porque saben que la atención también necesita protección.

El phubbing en las relaciones de pareja

En una relación cercana, sentirse escuchado es importante.

Cuando una persona consulta constantemente su teléfono durante una conversación puede comenzar a producirse una sensación de distancia.

Una pareja puede estar compartiendo la misma mesa, pero cada uno puede estar mentalmente en otro lugar.

El problema no aparece necesariamente por utilizar el celular.

Aparece cuando el uso se vuelve repetitivo y desplaza la interacción.

Una persona puede sentir:

“Nunca me presta atención.”

La otra puede pensar:

“Solo estaba respondiendo algo rápido.”

Ambas percepciones pueden ser reales.

Por eso es importante hablar del tema antes de que se convierta en una fuente permanente de conflicto.

El phubbing también ocurre en la familia

Los teléfonos pueden entrar en casi todos los momentos familiares.

Desayunos.

Cenas.

Conversaciones.

Celebraciones.

Paseos.

Reuniones.

Incluso momentos que anteriormente se reservaban para compartir pueden quedar divididos por notificaciones.

Un niño puede contar algo mientras un adulto mira su teléfono.

Un padre puede intentar conversar con un adolescente mientras este revisa redes sociales.

Una pareja puede cenar mientras ambos responden mensajes.

Nadie necesariamente quiere ignorar a nadie.

Pero el resultado puede ser una convivencia más fragmentada.

Los niños observan nuestros hábitos digitales

Los adultos suelen pedir a los niños:

“Deja el teléfono.”

“Guarda la tableta.”

“Mírame cuando te hablo.”

Pero los niños también observan lo que hacemos.

Si estamos permanentemente pendientes del teléfono, aprenderán que esa conducta es normal.

La educación digital comienza con el ejemplo.

Podemos enseñar mediante acciones sencillas:

guardar el teléfono durante una conversación.

No mirar notificaciones cuando alguien nos está hablando.

Establecer momentos sin pantallas.

Mostrar que la atención también es una forma de respeto.

El phubbing entre amigos

Una reunión entre amigos puede convertirse fácilmente en una reunión de teléfonos.

Una persona toma una fotografía.

Otra responde un mensaje.

Alguien revisa una red social.

Otra persona mira un video.

En pocos minutos todos pueden estar mirando pantallas.

Paradójicamente, nos reunimos para compartir con otras personas y terminamos interactuando con quienes no están presentes.

El teléfono no tiene que desaparecer.

Pero sí podemos preguntarnos:

¿Para qué nos reunimos?

El phubbing en el trabajo

También ocurre en reuniones laborales.

Una persona presenta una idea mientras otros revisan sus teléfonos.

Alguien explica un problema y otro responde mensajes.

Incluso cuando el contenido es laboral, el comportamiento puede transmitir falta de atención.

En algunas reuniones puede ser útil establecer acuerdos sencillos.

Por ejemplo:

mantener los teléfonos en silencio.

utilizarlos únicamente cuando sea necesario.

evitar conversaciones paralelas.

La productividad también depende de la calidad de la atención.

El teléfono como refugio social

Existe otra razón por la que recurrimos al celular.

A veces nos sentimos incómodos.

Existe un silencio.

No conocemos bien a las personas.

No sabemos qué decir.

Entonces miramos el teléfono.

El dispositivo nos ofrece una salida inmediata.

Parece evitarnos la incomodidad.

Pero también puede impedir que desarrollemos habilidades sociales.

Aprender a conversar requiere tolerar ciertos silencios.

Escuchar.

Preguntar.

Esperar.

No todos los momentos necesitan llenarse con contenido digital.

El phubbing puede convertirse en hábito automático

Muchas veces miramos el teléfono sin decidir conscientemente hacerlo.

Escuchamos una vibración.

Sacamos el dispositivo.

Desbloqueamos.

Revisamos.

Todo ocurre en segundos.

Cuando una conducta se repite muchas veces puede convertirse en automática.

Por eso, combatir el phubbing no siempre consiste en fuerza de voluntad.

También puede requerir cambiar algunas condiciones.

Desactivar notificaciones innecesarias.

Guardar el teléfono en un bolso.

Activar el modo silencioso.

Dejarlo fuera de la mesa.

Crear espacios específicos para revisarlo.

La atención es un recurso limitado

No podemos prestar atención completa a muchas cosas al mismo tiempo.

Podemos alternar rápidamente entre actividades.

Pero cada cambio tiene un costo.

Cuando pasamos de una conversación a una notificación y después regresamos, necesitamos recuperar el hilo.

Por eso una conversación interrumpida constantemente puede sentirse superficial.

Estar presente requiere algo que actualmente es muy valioso:

atención sostenida.

¿Por qué nos cuesta tanto dejar el teléfono?

Los teléfonos están diseñados para captar nuestra atención.

Mensajes.

Alertas.

Notificaciones.

Colores.

Sonidos.

Actualizaciones.

Contenido nuevo.

Siempre puede existir algo pendiente.

Por eso no es extraño que sintamos curiosidad.

La pregunta no es si utilizaremos el teléfono.

La pregunta es:

¿Quién decide cuándo lo utilizamos?

Nosotros.

O cada notificación que aparece.

Ciudadanía digital también significa cuidar nuestras relaciones presenciales

Solemos relacionar ciudadanía digital con:

seguridad.

privacidad.

contraseñas.

desinformación.

redes sociales.

Pero también incluye cómo administramos la tecnología durante nuestras relaciones.

Una ciudadanía digital responsable no consiste únicamente en comportarnos bien en Internet.

También significa evitar que Internet deteriore innecesariamente nuestras interacciones fuera de la pantalla.

Algunas interrupciones sí son necesarias

No todo uso del teléfono durante una conversación es phubbing problemático.

Puede existir una emergencia.

Una llamada importante.

Una situación familiar.

Una responsabilidad laboral.

Lo importante es comunicarlo.

Podemos decir:

“Estoy esperando una llamada importante. Si llega, voy a necesitar atenderla.”

Esta pequeña explicación cambia la situación.

La otra persona comprende que no estamos ignorándola.

El problema es la ausencia de atención, no el teléfono

Podríamos guardar el celular y seguir sin escuchar.

Por eso el problema no es solamente tecnológico.

También es relacional.

Podemos estar físicamente presentes y mentalmente ausentes.

La solución no consiste únicamente en apagar dispositivos.

También necesitamos recuperar el hábito de escuchar.

Algunos signos de que el phubbing está afectando una relación

Podemos prestar atención si ocurren situaciones como estas:

  • alguien nos pide constantemente que guardemos el teléfono;
  • perdemos partes importantes de las conversaciones;
  • respondemos “sí” sin saber exactamente qué nos dijeron;
  • revisamos el dispositivo durante casi todas las comidas;
  • sentimos ansiedad cuando no podemos mirar notificaciones;
  • otras personas dejan de contarnos cosas porque sienten que no escuchamos;
  • utilizamos el teléfono incluso cuando estamos en encuentros importantes.

No significa necesariamente que exista un problema grave.

Pero puede ser una señal para revisar nuestros hábitos.

¿Cómo decirle a alguien que el celular nos está molestando?

Podemos evitar acusaciones generales.

En lugar de:

“Siempre estás pegado al teléfono.”

podemos decir:

“Cuando estamos hablando y revisas constantemente el celular siento que pierdo tu atención.”

Esta forma de expresar el problema se centra en la experiencia.

No en atacar a la persona.

Cinco acuerdos sencillos para reducir el phubbing

1. Teléfonos fuera de la mesa

Especialmente durante algunas comidas o conversaciones importantes.

2. Avisar cuando necesitamos revisar algo

Una explicación breve puede evitar malentendidos.

3. Desactivar notificaciones innecesarias

No todo necesita nuestra atención inmediata.

4. Crear momentos sin pantalla

Una cena.

Un paseo.

Una conversación.

Treinta minutos pueden ser suficientes.

5. Mirar a la persona cuando habla

Puede parecer obvio.

Pero cada vez resulta menos frecuente.

Un experimento sencillo

Durante su próxima conversación importante haga algo diferente.

Guarde completamente el teléfono.

No lo coloque boca abajo.

No lo deje junto al plato.

Guárdelo.

Durante treinta minutos.

Después observe.

¿La conversación fue diferente?

¿Escuchó más?

¿Se sintió incómodo sin revisar notificaciones?

¿La otra persona habló de temas que normalmente no aparecen?

Este ejercicio también puede ayudarnos a descubrir cuánto dependemos de la presencia del dispositivo.

También necesitamos aprender a esperar respuestas

Existe otra cara del problema.

Esperamos que las personas respondan inmediatamente.

Enviamos un mensaje.

Pasan cinco minutos.

No responde.

Entonces pensamos:

“¿Por qué no contesta?”

Pero quizá está trabajando.

Conduciendo.

Conversando.

Descansando.

Compartiendo con su familia.

La ciudadanía digital también consiste en permitir que otras personas estén desconectadas.

Tener un teléfono no significa estar disponible permanentemente.

La tecnología debe servirnos, no administrar nuestras relaciones

Los dispositivos móviles son herramientas extraordinarias.

Han transformado nuestra manera de trabajar y comunicarnos.

El objetivo no es eliminarlos.

Es aprender a utilizarlos conscientemente.

Podemos estar conectados.

Y también presentes.

Podemos responder mensajes.

Y también escuchar.

Podemos utilizar redes sociales.

Y también guardar el teléfono cuando alguien necesita nuestra atención.

Mirar a los ojos sigue siendo importante

La tecnología cambia.

Las aplicaciones cambian.

Los dispositivos cambian.

Pero algunas necesidades humanas permanecen.

Sentirse escuchado.

Reconocido.

Acompañado.

Importante.

Prestar atención completa durante algunos minutos puede parecer algo pequeño.

Pero en un mundo lleno de interrupciones puede convertirse en un gesto especialmente valioso.

Para reflexionar

La próxima vez que nuestro teléfono vibre mientras alguien nos está hablando podemos detenernos un segundo.

Y preguntarnos:

¿Qué requiere realmente mi atención en este momento?

A veces será el teléfono.

Pero muchas veces la respuesta estará justo frente a nosotros.

La empatía digital también consiste en saber cuándo conectarnos y, especialmente, cuándo dejar la pantalla a un lado para estar realmente presentes.

Desarrollado con IA y revisado por un editor de www.empatiaciudadana.com