Encontrar un animal silvestre cerca de una vivienda, un parque, una carretera o una zona urbana puede despertar curiosidad, preocupación e incluso miedo.
La primera reacción de muchas personas es acercarse.
Tomar una fotografía.
Grabar un video.
Intentar alimentarlo.
Moverlo.
Capturarlo.
O simplemente rodearlo para observarlo mejor.
Sin embargo, cuando se trata de fauna silvestre, una de las formas más importantes de empatía puede consistir exactamente en lo contrario:
mantener distancia y permitir que el animal continúe su camino.
Comprender a los animales también significa reconocer que tienen comportamientos, necesidades y formas de relacionarse con su entorno diferentes a las nuestras.
La fauna silvestre también comparte nuestro territorio
Las ciudades y comunidades no están habitadas únicamente por seres humanos.
Aves.
Insectos.
Reptiles.
Pequeños mamíferos.
Anfibios.
Y numerosas especies silvestres pueden vivir dentro o cerca de los espacios que utilizamos diariamente.
Algunas estuvieron allí mucho antes de que aparecieran calles, edificios y urbanizaciones.
Cuando observamos un animal silvestre dentro de una zona urbana, no siempre significa que esté perdido.
En muchas ocasiones simplemente está desplazándose, buscando alimento, agua, refugio o un lugar para reproducirse.
No todo animal necesita ser rescatado
Existe una diferencia importante entre encontrar un animal silvestre y encontrar un animal silvestre en peligro.
Un ave sobre una rama probablemente no necesita ayuda.
Una zarigüeya atravesando un jardín tampoco necesariamente está perdida.
Una mariposa descansando en una pared no requiere ser trasladada.
Antes de intervenir podemos preguntarnos:
¿Está herido?
¿Está atrapado?
¿Existe un peligro inmediato?
¿O simplemente está comportándose de manera natural?
La empatía también consiste en evitar intervenciones innecesarias.
Acercarnos puede aumentar el estrés
Para una persona, acercarse puede parecer una demostración de interés.
Para el animal puede representar una amenaza.
Muchas especies silvestres reaccionan frente a la presencia humana mediante mecanismos de defensa.
Pueden intentar escapar.
Esconderse.
Quedarse inmóviles.
Emitir sonidos.
O defenderse si sienten que no tienen una ruta de salida.
Por eso es importante evitar rodearlos.
Especialmente cuando varias personas comienzan a acercarse al mismo tiempo.
Una multitud puede transformar una situación tranquila en una situación peligrosa.
Una fotografía no debería ser más importante que el bienestar del animal
Los teléfonos móviles han cambiado nuestra forma de reaccionar ante situaciones inesperadas.
Muchas veces grabamos primero y pensamos después.
Un animal aparece en una calle y rápidamente varias personas intentan obtener la mejor fotografía.
Pero podemos preguntarnos:
¿Mi deseo de grabarlo está aumentando su estrés?
No todos los encuentros con animales necesitan convertirse en contenido para redes sociales.
A veces la mejor fotografía es la que decidimos no tomar porque acercarnos implicaría perturbar al animal.
Alimentar no siempre significa ayudar
Ofrecer comida parece una acción amable.
Sin embargo, con fauna silvestre puede generar problemas.
Los animales pueden acostumbrarse a buscar alimento cerca de las personas.
Pueden perder precaución frente a espacios urbanos.
También pueden consumir alimentos inadecuados para su organismo.
Por eso, una buena intención no siempre produce un buen resultado.
La empatía necesita algo más que afecto.
Necesita comprensión.
La fauna silvestre no es mascota
Un animal pequeño puede parecernos adorable.
Puede incluso permitir que nos acerquemos.
Pero eso no significa que esté preparado para vivir dentro de una casa.
Los animales silvestres tienen necesidades específicas relacionadas con:
- alimentación;
- espacio;
- comportamiento;
- reproducción;
- interacción con otras especies;
- desplazamiento;
- ciclos naturales.
Retirar un animal de su ambiente puede afectar profundamente su bienestar.
Querer protegerlo no significa necesariamente apropiarnos de él.
Observar también es una forma de respeto
Podemos disfrutar la presencia de un animal sin tocarlo.
Observar aves.
Escuchar sus sonidos.
Identificar especies.
Tomar fotografías desde una distancia prudente.
Enseñar a los niños a reconocerlas.
Todas estas actividades permiten acercarnos a la naturaleza sin interferir innecesariamente.
Existe una diferencia fundamental entre:
conocer la naturaleza
y
controlar la naturaleza.
La empatía nos invita a elegir la primera.
Los animales también necesitan rutas de escape
Cuando encontramos un animal, uno de los mayores errores puede ser encerrarlo sin intención.
Varias personas alrededor.
Vehículos.
Mascotas.
Muros.
Puertas cerradas.
Todo esto puede dificultar que el animal se retire.
Por eso conviene evitar bloquear su desplazamiento.
Si no existe un riesgo inmediato, permitirle una salida puede solucionar la situación naturalmente.
Mantener alejadas a nuestras mascotas
Los animales domésticos pueden reaccionar instintivamente frente a la fauna silvestre.
Un perro puede intentar perseguirla.
Un gato puede intentar cazarla.
Esto puede generar lesiones para ambos animales.
Cuando detectamos fauna silvestre cerca de nuestra vivienda o durante un paseo, mantener controladas nuestras mascotas es una medida sencilla que puede evitar problemas.
Los animales nocturnos también existen
Algunas especies son más activas durante la noche.
Por eso podemos sorprendernos cuando las vemos desplazándose mientras la ciudad duerme.
Su presencia nocturna no necesariamente indica que exista una emergencia.
Simplemente puede corresponder a su comportamiento natural.
Comprender estos ciclos ayuda a reducir el miedo innecesario.
No todos los animales representan el mismo riesgo
Es importante evitar dos extremos.
Pensar que cualquier animal silvestre es peligroso.
O pensar que ninguno puede representar un riesgo porque aparentemente está tranquilo.
Cada especie tiene comportamientos diferentes.
Algunos animales intentarán huir.
Otros pueden defenderse si sienten que están acorralados.
Por eso, ante una especie desconocida, la decisión más prudente suele ser mantener distancia.
Los niños también pueden aprender a convivir con la fauna
La curiosidad infantil hacia los animales puede convertirse en una excelente oportunidad educativa.
Podemos enseñar que querer a los animales no significa necesariamente tocarlos.
Un niño puede aprender a:
- observar;
- respetar;
- mantener distancia;
- no perseguir;
- no capturar;
- no destruir nidos;
- no alimentar animales silvestres sin conocimiento;
- avisar a un adulto cuando observa un animal herido.
Estas experiencias pueden ayudar a desarrollar empatía desde temprana edad.
Una ciudad también puede ser un ecosistema
Muchas veces pensamos que la naturaleza existe únicamente lejos de las ciudades.
Pero los espacios urbanos también forman ecosistemas.
Árboles.
Jardines.
Humedales.
Parques.
Canales.
Ríos.
Separadores verdes.
Todos pueden servir de refugio o corredor para diferentes especies.
Por eso, conservar espacios verdes también contribuye al bienestar animal.
Cuando nuestras ciudades crecen
La expansión de las zonas urbanas puede modificar áreas que anteriormente eran utilizadas por animales.
Se construyen viviendas.
Vías.
Comercios.
Infraestructura.
Los hábitats pueden fragmentarse.
Y algunas especies continúan intentando desplazarse utilizando rutas que durante años formaron parte de su territorio.
Esto ayuda a comprender una pregunta importante:
¿Los animales están entrando en nuestros espacios o nosotros hemos construido sobre algunos de los suyos?
La respuesta no siempre será sencilla.
Pero la pregunta cambia nuestra perspectiva.
Las carreteras también representan un riesgo
Numerosos animales necesitan atravesar vías.
Especialmente durante la noche o cerca de áreas verdes.
Reducir la velocidad cuando observamos fauna puede evitar atropellamientos.
También conviene estar atentos cuando conducimos por zonas rurales, boscosas o cercanas a cuerpos de agua.
Una pequeña disminución de velocidad puede salvar una vida.
No reaccionar desde el miedo
Encontrar un animal desconocido puede generar temor.
Es una reacción comprensible.
Pero el miedo puede llevarnos a actuar impulsivamente.
Golpear.
Perseguir.
Intentar matar.
Lanzar objetos.
Antes de actuar podemos intentar mantener distancia y evaluar la situación.
Muchas especies solamente buscan alejarse.
La precaución es necesaria.
La agresión automática no.
No reaccionar tampoco desde el exceso de confianza
El extremo contrario también puede ser peligroso.
Intentar acariciar.
Acercarse demasiado.
Cargar al animal.
Posar junto a él para una fotografía.
Los animales silvestres no conocen nuestras intenciones.
Aunque actuemos con cariño, pueden interpretar nuestro acercamiento como una amenaza.
El respeto también necesita límites.
Cuando sí debemos buscar ayuda
Existen situaciones donde la intervención especializada puede ser necesaria.
Por ejemplo, cuando un animal:
- está visiblemente herido;
- quedó atrapado;
- está dentro de una vivienda y no puede salir;
- representa un riesgo inmediato para personas;
- se encuentra en una vía transitada;
- parece haber sido víctima de tráfico o cautiverio;
- está en una situación que claramente compromete su supervivencia.
En esos casos, lo más prudente es buscar apoyo especializado y evitar manipularlo innecesariamente.
Proteger animales también significa proteger sus ecosistemas
No podemos separar completamente bienestar animal y medio ambiente.
Los animales necesitan:
agua.
vegetación.
alimento.
refugio.
espacio.
Cuando desaparecen estos elementos, también disminuyen sus posibilidades de supervivencia.
Por eso, proteger árboles, fuentes de agua y zonas verdes también es una forma de proteger animales.
Cinco principios para convivir con fauna silvestre
1. Observar antes de intervenir
No todo animal necesita nuestra ayuda.
2. Mantener distancia
Reduce el estrés del animal y el riesgo para las personas.
3. No alimentar indiscriminadamente
Una buena intención puede modificar comportamientos naturales.
4. Controlar nuestras mascotas
Evita persecuciones y enfrentamientos.
5. Buscar ayuda cuando realmente sea necesario
Especialmente cuando existe una lesión o riesgo evidente.
La empatía no siempre significa hacer algo
Estamos acostumbrados a relacionar ayuda con acción.
Intervenir.
Mover.
Recoger.
Alimentar.
Pero en la naturaleza, algunas veces la mejor decisión puede ser:
no intervenir.
Esperar.
Observar.
Mantener distancia.
Permitir que el animal continúe su desplazamiento.
Esta puede ser una de las formas más difíciles de empatía porque requiere comprender que nuestro deseo de ayudar no siempre coincide con lo que el otro ser vivo necesita.
Una convivencia que también incluye a los animales
Las ciudades y comunidades del futuro tendrán que pensar cada vez más en la relación entre personas, animales y naturaleza.
No se trata de elegir entre bienestar humano y bienestar animal.
Se trata de buscar formas más responsables de coexistencia.
Podemos construir comunidades donde las personas estén seguras y los animales sean respetados.
Donde nuestros niños aprendan a observar sin destruir.
Donde nuestras mascotas convivan responsablemente.
Y donde la fauna silvestre pueda continuar siendo exactamente eso:
silvestre.
La próxima vez que encontremos un animal podemos hacernos una pregunta sencilla:
¿Qué necesita realmente este animal de mí?
Muchas veces la respuesta será ayudar.
Pero en otras ocasiones será todavía más sencilla:
darle espacio.
La empatía hacia los animales también consiste en reconocer cuándo debemos acercarnos y cuándo debemos apartarnos.
Desarrollado con IA y revisado por un editor de www.empatiaciudadana.com